Estamos en semana Primavera Sound (en adelante PS) por estos lares, y uno sigue opinando igual de mal sobre este tipo de eventos por un lado…, y cayendo en la irremisible trampa de suculento cartel (este año posiblemente menos) por otro, lo cual hará darme seguro de bruces en el sitio y lugar adecuados más tarde o más temprano. Y así es como sondeando al personal sobre los días y bolos a los que iban a asistir, mi buen amigo Magneto me larga que existe aplicación interactiva para áifon y demás “detodomenosteléfonosmóviles”, creada por estas buenas gentes del PS para facilitar tu elección/digestión de grupos, grupitos y grupazos de toda índole y condición musical. Y así es como que me descargo, instalo, y destruyo unas pocas de mis escasas neuronas hábiles, para conseguir manejar el supuestamente “intuitivo” (cojones querrá decir eso?) programita de marras, y llego a la primera conclusión: el día que mola (de los 3 últimos, que vendrían a ser semis y finales de torneo deportivo) es el jueves. Y eso, muy a pesar por supuesto de mis queridos Robert Smith y cía., cabezas de cartel el viernes a los que profeso devoción longeva por tan buenos momentos musicales en mi vida, y a quienes tendré que obviar esta vez, dada la más que posible avalancha de curiosos a su pase (plato fuerte con diferencia del viernes) y más desde el reciente estreno de Hollywoodiense película en la que el buen Sean Penn le da supuesta vida (¿!) . En fin, enfocando el asunto en jueves, y tras haber logrado crear, también haciendo click en los grupos que me interesaría ver, algo llamado "mi programa", la conclusión es la siguiente: Tengo que darme mucha prisa saliendo del curro porque una de mis atracciones del PS (sinó LA atracción) Afghan Whigs empiezan su pase a las 20:40h en escenario grande, pero solo podré verles 5 minutos porque el Ex?-Sonic Youth, Lee Ranaldo presenta su nuevo discazo en solitario “Between The Times And The Tides” (2012) en otro sitio dentro del kilométrico recinto a las 20:45… ahí podré explayarme porque unos Death Cab For Cutie, aunque en horas bajas posiblemente todavía interesantes en directo, empiezan su set en el MINI a las 21:45, justo justo 5 minutitos antes de que pueda ver finalmente en vivo a la preciosa Hope Sandoval susurrando “Fade Into You” con sus Mazzy Star… pero claro, en 10 minutos sueltan amarras Mudhoney, y hace mucho que no me perfora los tímpanos “Tuch Me I’m Sick” en directo.... Por cierto, podré chuparme solo 30 minutitos de Wilco, porque a las 23:30 abren fuego Spiritualized y yo, esta vez al exSpacemen 3 no me lo pierdo… Y resulta que hay quien me pregunta todavía: “en serio no te gustan los festivales?”... cuando lo duro es que el año que viene, seguiré pasando por caja para el PS2013…
martes, 29 de mayo de 2012
PRIMAVERA SOUND: LOVE & HATE
Estamos en semana Primavera Sound (en adelante PS) por estos lares, y uno sigue opinando igual de mal sobre este tipo de eventos por un lado…, y cayendo en la irremisible trampa de suculento cartel (este año posiblemente menos) por otro, lo cual hará darme seguro de bruces en el sitio y lugar adecuados más tarde o más temprano. Y así es como sondeando al personal sobre los días y bolos a los que iban a asistir, mi buen amigo Magneto me larga que existe aplicación interactiva para áifon y demás “detodomenosteléfonosmóviles”, creada por estas buenas gentes del PS para facilitar tu elección/digestión de grupos, grupitos y grupazos de toda índole y condición musical. Y así es como que me descargo, instalo, y destruyo unas pocas de mis escasas neuronas hábiles, para conseguir manejar el supuestamente “intuitivo” (cojones querrá decir eso?) programita de marras, y llego a la primera conclusión: el día que mola (de los 3 últimos, que vendrían a ser semis y finales de torneo deportivo) es el jueves. Y eso, muy a pesar por supuesto de mis queridos Robert Smith y cía., cabezas de cartel el viernes a los que profeso devoción longeva por tan buenos momentos musicales en mi vida, y a quienes tendré que obviar esta vez, dada la más que posible avalancha de curiosos a su pase (plato fuerte con diferencia del viernes) y más desde el reciente estreno de Hollywoodiense película en la que el buen Sean Penn le da supuesta vida (¿!) . En fin, enfocando el asunto en jueves, y tras haber logrado crear, también haciendo click en los grupos que me interesaría ver, algo llamado "mi programa", la conclusión es la siguiente: Tengo que darme mucha prisa saliendo del curro porque una de mis atracciones del PS (sinó LA atracción) Afghan Whigs empiezan su pase a las 20:40h en escenario grande, pero solo podré verles 5 minutos porque el Ex?-Sonic Youth, Lee Ranaldo presenta su nuevo discazo en solitario “Between The Times And The Tides” (2012) en otro sitio dentro del kilométrico recinto a las 20:45… ahí podré explayarme porque unos Death Cab For Cutie, aunque en horas bajas posiblemente todavía interesantes en directo, empiezan su set en el MINI a las 21:45, justo justo 5 minutitos antes de que pueda ver finalmente en vivo a la preciosa Hope Sandoval susurrando “Fade Into You” con sus Mazzy Star… pero claro, en 10 minutos sueltan amarras Mudhoney, y hace mucho que no me perfora los tímpanos “Tuch Me I’m Sick” en directo.... Por cierto, podré chuparme solo 30 minutitos de Wilco, porque a las 23:30 abren fuego Spiritualized y yo, esta vez al exSpacemen 3 no me lo pierdo… Y resulta que hay quien me pregunta todavía: “en serio no te gustan los festivales?”... cuando lo duro es que el año que viene, seguiré pasando por caja para el PS2013…
domingo, 20 de mayo de 2012
SPRINGSTEEN & E STREET BAND, BARCELONA 2012: MY BRUCE ADDICTION
Es un concepto musical distinto a
cualquier otro. Es una experiencia tremendamente adictiva. Es la cúspide del rock, la épica y
los sueños. Estas dos últimas noches de Bruce en Barcelona han superado todas
las expectativas y han cerrado para mí un círculo. Desde el desplazamiento a
Montpellier aquel lejano 1985 para debutar en la Springsteenmania en el tour
del disco de nuestra adolescencia (BITUSA), la adicción por los directos de
este hombre y su banda resultó para siempre más fuerte que ninguna otra (mi
interés por su producción discográfica, aunque le he seguido el rastro, acaba
precisamente en el citado BITUSA, con la excepción posiblemente de “The Ghost
of Tom Joad” de 1995). Me descolgué después de la gira del ’88, que no
disfruté en el legendario concierto del Camp Nou sino en el extranjero (Dublín en concreto), y no recuperé la fe hasta el mítico concierto del Sant
Jordi en 2002. A partir de ahí la adicción se hizo más fuerte hasta llegar a
tocar cumbre en el Madison Square Garden de NYC en 2009 junto a mi querido Little
Bean en el concierto de la rendición completa de “The River”, para acabar de
jurar devoción eterna después de estas dos últimas noches en Barcelona. Porque
para un servidor era necesario confirmar que era posible esperar algo más
después de lo del Madison, y sobre todo tras la (relativa, por esperada)
decepción que ha supuesto un disco como este “Wrecking Ball”, y estas dos
mágicas noches, superiores en todos los aspectos (salvo en el de la sede
escogida, y en especial su lamentable organización de accesos el primer día) a
las dos vividas hace tres años en el feudo blaugrana, han supuesto para mi la
absoluta redención del ídolo.
No sabría explicar que ha habido de especial esta
vez, ya que es imposible concebir un mal día para Bruce & E Street Band en
cuanto a técnica (mención especial para Jake, el sobrino de nuestro inolvidable
Big Man que, respetuosidad simbólica aparte, estaría ya maduro incluso para
todo un Jungleland), entrega y dominio del escenario (impresionante su capacidad de hacer callar cuarenta mil almas cuando Bruce pretende presentar un
tema a cuya explicación no se está prestando la adecuada atención), una suerte de
ecuación perfecta para un concierto de rock, con las dosis justas de
espontaneidad y calculo milimetrado de los gags, de profesionalidad y de grandeza
(san Bono nunca ha resultado en comparación tan pequeño). He llegado a la
conclusión que para alguien que ha tenido el privilegio de vivir la experiencia
en no pocas ocasiones, el secreto radica posiblemente entonces en el
repertorio. En esas caras de inmensa satisfacción entre nuestra pequeño batallón de Bruce Brothers al escuchar los primeros compases de esta o aquella canción por la
que dabas una uña, las apuestas sobre si caerá aquella rareza de épocas
pretéritas o esos ligeros gestos de resignación al dar de bruces con la canción que
preferías que obviara, y a la espera de la siguiente.
Por eso, a la incomprensión
de la mayor parte de nuestro entorno sobre la necesidad de repetir concierto si
el jefe trabaja dos noches seguidas en tu ciudad (obviedades económicas al
margen), la respuesta es clara: cada concierto de Bruce & The E Street Band
es una nueva historia como lo son las de cada una de las canciones que
interpreta, y en dos pases consecutivos cuenta 40 distintas (si señores, de
jueves a viernes cambió 11 temas de un repertorio de casi 30). En un setlist
tan amplio tiene por supuesto cabida de todo, desde las menciones necesarias a
un último disco que no te gusta, aunque acabes disfrutando enormemente las
lecturas en directo de “Wrecking Ball” y “We are Alive”, las repescas que
parecen obligadas en sus giras Europeas de clásicos que como “Born in the USA”,
“Bobby Jean” o “Dancing in The Dark” concentradas en unos bises para todos los
públicos que llegan a deslucir la traca final con el sentido homenaje a
Clarence en "10th Avenue Freeze-out" (porqué se ha caído aquí del setlist ese
fantástico Apollo Medley que ha venido haciendo desde que empezó la gira?), el tedioso
momento chkipark de “Waiting on a Sunny Day” o la tremenda pedrada con
intermedio jipjopero que es “Rocky Ground” (sencillamente horrorosa). Pero el
otro reverso de la moneda vale con creces “The Price You Pay”. Y una noche que
empieza con un contundente "Badlands", sigue con “Talk To Me” y “She’s The One”, golpea con “Youngstown”
y “Murder Inc.”, y remata con “You Can Look” y “Hungry Heart”, entre otras
gemas, es de nota. Y si al cabo de veinticuatro horas la fiesta sigue con
“Night” en clara declaración de intenciones para el arranque de otras tres
horas mágicas, y regala cosas como “The Ties That Bind”, “Two Hearts”, “Trapped”
(por fin!), “The E Street Shuffle” o “Ramrod”, la satisfacción es completa.
Ha habido posiblemente dos highlights que quedarán para siempre en el recuerdo, de estas dos inolvidables
veladas, un “Racing in the Street” la segunda de ellas, que erizó el vello hasta
al pebetero olímpico y ese “Prove it all Night” con la introducción
instrumental que no recreaba desde la gira del ’78. Porque un detalle así (lo
mismo que hizo con Badlands la segunda noche), aunque pueda parecer un simple
guiño para los cátedros de la Springsteenpedia, es un auténtico homenaje a
todos aquellos barceloneses que le han venido siguiendo desde el mítico Palau
dels Esports del ’81, los que se han ido sumando a lo largo de generaciones y
que corean y seguirán coreando cada nueva canción que presente en directo como
si de uno de sus clásicos se tratase. Llámenle orgullo ciudadano, pero nunca
había percibido tan fuertemente la conexión especial entre el artista y mi
ciudad, y eso completa definitivamente mi personal círculo de pasión por Bruce
Springsteen. Hasta nuevo aviso.
Fotos Green Bean Team
miércoles, 16 de mayo de 2012
CHUCK PROPHET & THE MISSION EXPRESS, APOLO 2 BARCELONA, 9/05/2012
No había tenido tiempo de comentar sobre ello hasta ahora. Gajes posiblemente de un tedioso (y afortunadamente conservado) oficio. Pero necesitaba escribir ni que fueran cuatro líneas sobre la lección de Rock’n’Roll que poco más de 150 fieles tuvimos la suerte de presenciar y vivir el pasado miércoles en Apolo2 de Barcelona. Porque lo de Chuck Prophet & The Mission Express no solo se ve, sino que se siente. Desde el momento en que entras para refrescar el gaznate en el bar colindante a la sala donde tendrá lugar en unos largos minutos la liturgia, y topas de bruces con nuestro protagonista, sentado en la primera mesa orientada hacia la puerta de entrada, cenando junto su inseparable Stephanie Finch, mujer, compañera y teclista, y al que saludas humildemente con un leve Hi Chuck! correspondido por ambos comensales con una sincera sonrisa. Dentro de la sala, simplemente una banda comandada por alguien de quien creerías de pies juntillas cualquier cosa que pudiera contar, con la suerte de que este hombre lo hace a través del Rock’n’Roll. Basta mirarle un momento a los ojos, enseñando a las primeras filas como vestir chaleco y manejar la Telecaster, para entender que cuenta pequeñas verdaderas historias en forma de enormes canciones. Actitud sincera y noble profesionalidad que le permiten entregarse noche tras noche sin menosprecio de la escasa asistencia, disfrutando y haciendo gozar sin tapujos. Un repertorio basado en los temas de su ultimo fantástico largo “Temple of Beautiful” (2011), cesión de protagonismo a Stephanie a la guitarra y voz en un tema propio, “Tina Goodbye”, e inmaculadas versiones del “For You” de un Springsteen a puntito de desplegar su artillería por estas tierras, el “I’m Bored” de Iggy de título a años luz de la experiencia aquella noche, y el “Shake Some Action” de unos imprescindibles “Flamin’ Groovies”, energético himno nacional de la ciudad de San Francisco como así lo definió Prophet, para desenfreno definitivo de los pocos afortunados y acabar confirmando que el universo rockero estará plagado de estrellas, pero Chuck Prophet sigue siendo una de las de verdad, sin cartón ni purpurina.
miércoles, 9 de mayo de 2012
THE BEACH BOYS, 50TH ANNIVERSARY TOUR, BARCELONA: IT'LL BE WORTH IT AFTER ALL.
Desde
su anuncio, llevaba días buceando por la red y analizando el itinerario de la
gira de 50 aniversario/reunión de supervivientes de The Beach Boys, decidiendo
si valía la pena costearse un billete a alguna capital europea para vivir el
acontecimiento, dado que este país quedaba previsiblemente fuera de todos los
pronósticos. Hace años que el grupo como tal no existía, básicamente desde la
muerte del mediano de los Wilson, Carl en 1998, actuando los restantes miembros
de forma separada arrastrando sus traseros por escenarios de todo el mundo
abanderando una marca que no les corresponde unos (Mike Love y Bruce Johnston),
recreando el mítico repertorio para pequeñas audiencias con una panda de amigos
y familiares otro (Al Jardine), y, por último, manteniendo el verdadero
espíritu, la esencia y la genialidad del grupo, Brian Wilson. Este se reunió en
1999 con una portentosa banda, The Wondermints, excelentes músicos y fans del
maestro con los que ha venido girando sin parar y grabando un puñado de discos.
Pude vivir en 2004 la inolvidable experiencia de Brian Wilson en directo
presentando el finalmente completado álbum Smile en Londres, (“And Your Dreams Come
True” como dice la canción), y en contrapartida acudí hace un par de años a la
estival cita con el karaoke de orquesta de feria de los autoproclamados Beach
Boys (Mike y Bruce), cuyo pase, artística y cualitativamente opuesto al de
Brian y su banda, acabé gozando con una surrealista intensidad. Por eso, cuando
ayer mismo me escribía mi hermana
proponiéndome acudir a un supuesto concierto confirmado en mi ciudad a
través de un mensaje que rezaba tal que así
“vas a Beach Boys, rollo crisis de los 40, o pasas?... la incredulidad
se apoderó de mi y la desesperación lo hizo de mi maltrecha cartera. La página
de compra de entradas online no mentía, se confirmaba bolo en la plaza donde
vivo. Lo sé… entre mis friends & relatives se acumulan las preguntas de
difícil respuesta. La primera de las reuniones tragaperras de 50 aniversario!?...
(Stones next folks!). Pero cuantos años tienen?... Los Beach Boys?... los del “surfiniuesei”?...
Pues sí, los mismos… y no exactamente… mucho de eso habrá, y también bastante
de lo otro. Gastaría demasiada energía tecleando con mi dedo índice para explicar
la mitología beachboysiana. Sería baladí argumentar que los Beach Boys fueron
los tres hermanos Wilson + un entrañable Alan Jardine de mágicas dotes vocales
a los que se adhirió el primo guaperas de nulo talento musical y peor gusto
para las camisas de palmeras. (de acuerdo, el edulcorado Bruce Johnston entro
en el grupo cuando Brian dejó los escenarios y nos regaló “Dysney Girls” y “Tears
in the Morning”). Resultaría innecesario refrendar que el genial Brian empezó
a desarrollar su verdadera capacidad compositiva a partir de “Today” (1965),
culminó con su obra magna editada, “Pet Sounds” (1966) y sucumbió a su propio
talento con la que debía haber sido la obra maestra de la música popular finalmente
abortada en 1967 “Smile” (hasta el año pasado, al editarse en mastodóntico e
infartante formato boxset “Smile”), o que los ’70 fueron una etapa
absolutamente imprescindible gracias al liderazgo de Carl y las dotes
compositivas de Dennis con discos como “Sunflower” (1970), “Surf’s Up” (1971) o
“Holland” (1973). Pero si. Hablamos de The Beach Boys en 2012. Al cumplir 50 primaveras
como grupo, emprenden una gira mundial sin patrocinio del Imserso para evitar
dar con sus lustrosos cuerpos serranos en el geriátrico. Y porqué valdrá la
pena? Por supuesto estarán los simpáticos abueletes folklóricos de hace un par
de años, a los que ha sumado el tal David Marks (guitarra rítmico que formo
parte de la banda únicamente entre 1962 y 1963, una suerte de Pete Best
californiano al que acaba de tocar sin duda la lotería), pero también lo estará
Al, el que cantó “Cottonfields” y compuso “California Saga: California”, y que
equilibrará un repertorio que podría haber sido eminentemente primerizo y
surfero. Pero, por encima de todo, estará Brian. Parapetado tras su piano de
cola, cantando terriblemente mal, tras una vida marcada por una perjudicada
alma de genio, las letras leídas a través del teleprompter de las gemas para la
historia que el mismo compuso. Solo por percibir su presencia valdría la pena
acercarse ese día tan solo a la montaña de Montjuic, pero quien esté dispuesto
a pagar el peaje para entrar en el recinto, tendrá la oportunidad de estar más
cerca que nunca de uno de los más grandes para escuchar a través suyo su música…
y eso, amigos míos no tiene precio. “Add Some Music to Your Day compuso el año
en que nací… él le puso, desde ese mismo año, música a mi vida.
viernes, 20 de abril de 2012
MI DANIEL JOHNSTON QUE NO FUE
Curioso. Tenía sentimientos
encontrados con el concierto de Daniel Johnston de anoche en Bikini. Estuve a un
tris de hacerme con un par entradas pero algo hizo que cancelara la operación a
través de la página web de turno, en el momento de confirmar la compra. Al día
siguiente contacté con un buen amigo, fanático confeso de Daniel y a quien
supuse que no iba a faltar a la cita con el orondo cantautor. La
respuesta por parte de alguien que prácticamente vivía en sus carnes la letra de
“Mountain Top” me desconcertó: “ya le he visto algunas veces, y no me sentí
a gusto con lo que vi”. Si un servidor tenía intención de debutar en dicha
experiencia en directo, los argumentos de mi amigo hicieron mella de forma letal
para abortar cualquier intento. Días después colgaban el letrero de todo el
papel vendido. Una suerte. En sus anteriores experiencias, mi amigo había
presenciado la desnudez de un hombre enfermo, al que antes del fantástico
documental sobre su vida “The Devil and Daniel Johnston" (2005) pocos conocían, y
los que lo hacían profesaban un absoluto y reverencial respeto. Había intentado
desde primera fila seguirle canturreando las letras de sus canciones, y no lo
había logrado. Las recordaba mejor que el propio Daniel. Entre los fans se
contaban artistas y bandas de cierto renombre ya en los ’90, quienes versionaban
las canciones de Johnston confiriendo a sus desnudas melodías una nueva
dimensión (o no supera el “Speeding Motorcicle” de Yo La Tengo al original del
propio Daniel…), y reivindicaban su inquietante figura a través de camisetas
estampadas con sus dibujos originales (el caso de todo un Kurt Cobain). Hoy la
historia resulta distinta. El morbo se ha apoderado de una gran parte de
aquellos que asisten a sus conciertos, y se disponen a pasar una noche de jueves
como quien lo hace escrutando a la mujer barbuda, mezclándose con otros pocos
que disfrutan de unas canciones preciosas interpretadas por alguien al que
auténticamente respetan. No sabré si acerté en no comprar mi pase, y aunque es
posible que lo que pueda leer sobre el concierto me cause un cierto
arrepentimiento, algo en mi interior agradece no haber asistido. Me comentaba mi
amigo Emili, que quien mejor ha descrito esa recíproca sensación que desprenden sus
directos ha sido el propio Daniel Johnston a través de su música y en
concreto de una canción. Se llama “Like a Monkey in a Zoo”.
R.I.P. gran Levon Helm
R.I.P. gran Levon Helm
lunes, 16 de abril de 2012
THE WATERBOYS, COLISEUM BARCELONA, 15/04/2012
Hablar hoy en día de Mike Scott, alma máter de The Waterboys es hacerlo ya de una leyenda. Poco se ha salvado de la quema de las bandas emergidas durante los denostados ’80, principalmente en el reino unido, y aquellas que todavía persisten, lo hacen arrastrando indignamente sus mesiánicos traseros por mastodónticos escenarios en forma de garra y haciendo falsa apología de las justas causas de la humanidad mientras engordan sus cuentas corrientes, o releyendo éxitos pretéritos en giras nostálgicas por salas de capacidad media (aún así, muy buenos conciertos los de Simple Minds en su reciente gira 5X5). Sin embargo honrosas excepciones confirman la regla de quien tuvo retuvo, y de lo que siguen yendo sobrados Mike Scott y sus Waterboys es de talento y honestidad. Y eso es precisamente lo que derrocharon ayer en el Teatre Coliseum de Barcelona en el marco del Festival de la Guitarra, en una noche para el recuerdo.

Venían 10 años después de su última visita a esta ciudad, a presentar las canciones de su último disco “An Appointment With Mr. Yeats” (2011) basado en poemas del autor irlandés, en un concierto según lo leído sobre la presente gira, que estaría estructurado en dos sets, basado el primero en clásicos de todas sus épocas, repasando tras un descanso las nuevas canciones, para concluir, ya en los bises con algunos de sus hits. Sin embargo, con una formación algo reducida por un par de bajas para esta gira española, nuestro hombre varió ligeramente el guión anoche, arrancando con la épica del tema que abre el nuevo disco “The Hosting Of The Shee” para empalmar magistralmente con tres trallazos de “A Pagan Place” (1984), “Rags”, “All The Things She Gave Me” y “The Thrill Is Gone”, y no rebajar ni un gramo la intensidad hasta el final.

Enfundado en su casaca, la voz intacta y una mirada, que como bien apuntaba Little Bean cada vez cruza más a Jagger con Tyler, Scott aportó la teatralidad necesaria a los nuevos temas (llegando al clímax, máscaras mediante con “Mad as the Mist and Snow”) y, acompañado de una excelente banda liderada por un incombustible Steve Wickham magistral al fiddle, sonó más rock que folk, desgranó soberbios pepinazos, “Glastonbury Song”, “Be My Enemy”, “Don’t Bang The Drum” (“Savage Earth Heart” ya hubiera sido la repera), contagió su romanticismo con “How Long Will I Love You” y “A Man Is In Love”, y dejó para el final sus archiconocidos himnos, “The Whole of the Moon” con comienzo a ralentí sentado al piano, y “Fisherman’s Blues”, ya con el teatro en pie, y danzando hechizado por sus aires celtas como salido de Hamelín. Al final la fórmula resulta sencilla, seguir fiel a un estilo, creer en lo que uno canta y disponer de un cancionero por el que muchos matarían, pero Mike Scott ha dado además con un ingrediente al que pocos tienen acceso, y es saber transmitir de forma creíble su mensaje para que llegue con toda su intensidad, sin trampa ni cartón.

Venían 10 años después de su última visita a esta ciudad, a presentar las canciones de su último disco “An Appointment With Mr. Yeats” (2011) basado en poemas del autor irlandés, en un concierto según lo leído sobre la presente gira, que estaría estructurado en dos sets, basado el primero en clásicos de todas sus épocas, repasando tras un descanso las nuevas canciones, para concluir, ya en los bises con algunos de sus hits. Sin embargo, con una formación algo reducida por un par de bajas para esta gira española, nuestro hombre varió ligeramente el guión anoche, arrancando con la épica del tema que abre el nuevo disco “The Hosting Of The Shee” para empalmar magistralmente con tres trallazos de “A Pagan Place” (1984), “Rags”, “All The Things She Gave Me” y “The Thrill Is Gone”, y no rebajar ni un gramo la intensidad hasta el final.
Enfundado en su casaca, la voz intacta y una mirada, que como bien apuntaba Little Bean cada vez cruza más a Jagger con Tyler, Scott aportó la teatralidad necesaria a los nuevos temas (llegando al clímax, máscaras mediante con “Mad as the Mist and Snow”) y, acompañado de una excelente banda liderada por un incombustible Steve Wickham magistral al fiddle, sonó más rock que folk, desgranó soberbios pepinazos, “Glastonbury Song”, “Be My Enemy”, “Don’t Bang The Drum” (“Savage Earth Heart” ya hubiera sido la repera), contagió su romanticismo con “How Long Will I Love You” y “A Man Is In Love”, y dejó para el final sus archiconocidos himnos, “The Whole of the Moon” con comienzo a ralentí sentado al piano, y “Fisherman’s Blues”, ya con el teatro en pie, y danzando hechizado por sus aires celtas como salido de Hamelín. Al final la fórmula resulta sencilla, seguir fiel a un estilo, creer en lo que uno canta y disponer de un cancionero por el que muchos matarían, pero Mike Scott ha dado además con un ingrediente al que pocos tienen acceso, y es saber transmitir de forma creíble su mensaje para que llegue con toda su intensidad, sin trampa ni cartón.
miércoles, 4 de abril de 2012
MARK LANEGAN BAND, APOLO BCN 2/04/2012
Apenas se le distinguían las facciones de su cara, sensiblemente iluminada por una luz roja que inundaba el escenario confiriendo al ambiente un aspecto de lo más sobrio. En el centro, Mark Lanegan aferrado al micro, agarrándolo con fuerza tensando sus nudillos tatuados cual Robert Mitchum predicando en “La noche del Cazador” (1955), balanceando apenas su cuerpo al ritmo de las canciones de su último disco “Blues Funeral” (2011) que conformaban la columna vertebral de un repertorio de 20 canciones que ofreció el de Washington el pasado lunes en una Sala Apolo de Barcelona rozando el lleno absoluto. Y por encima de todo su voz. La voz. Un timbre que parece proceder de las entrañas más cavernosas y que penetra y envuelve dando forma a una música que llega a asomar ritmos casi electrónicos en “Ode To Sad Disco” perteneciente a su último disco, pero que transcurre por las sendas del rock más eléctrico desde sus tiempos en Screaming Trees, de los que recuperó la canción “Crawlspace” aparecida en el disco póstumo “Last Words: The Final Recordings” (2011). Reminiscencias stoner en “”The Cravedigger’s Song” con la que abrió (no en vano su paso por Queens of The Stone Age), melodías narcolépticas a fuego lento “One Hundred Days”, “Sleep With Me” y guitarrazos con brío “Wish You well” y “Quiver Syndrome” (uuuh uuuuuuh!!...) ejecutados con solvencia por el belga guitarrista Steve Janssens, miembro de una Lanegan Band reclutada específicamente para esta gira. Ni mu, dijo Lanegan salvo para presentarla, y ni falta que le hizo a un artista bregado en mil batallas, sobre quien hablar de actitud es caer en obviedades, y cuya manera de comunicar es únicamente a través de sus canciones y una presencia imponente sobre las tablas (me siguen resultando desconcertantes las quejas de aquellos que exigen mantener un diálogo próximo con el artista a la espera de algo tan manido como “sois el mejor público”…). Para los bises, la preciosa “Pendulum” de su ya lejano segundo disco en solitario “Whiskey for the Holy Ghost” (1994) y una rocosa “Metamphetamine Blues” de “Bubblegum” (2004) para acabar sentado el largo cantante en el stand de merchandising para estrechar manos y estampar firmas a todo el que se atreviera a acercarse. No querían algunos proximidad? Pues dos tazas.


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